• Liam y Yo

    SPA DE BARRO

    Otra de las tantas cosas dignas de admirar era tu capacidad para transformar algo que a los ojos de algunos puede ser desagradable en una experiencia absolutamente placentera. Así era tu relación con el barro. Porque, claro, a él llegabas cuando intentaba regar la aridez de nuestro antes llamado “jardín”, al pasearte muy campante bajo la lluvia o cuando arrastrabas algún tarrito/palangana por ahí. La expresión de tu rostro iba mutando. Al principio, felicidad plena, goce sin medida. Luego, cuando notabas mi presencia, ante la duda, ponías cara de desdichado, como si alguien más te hubiese embadurnado todo el cuerpo. Responsable, jamás. Víctima, siempre. Tus caras de “yo no fui”…