Liam y Yo

CHANCHO AL AGUA!

Siguiendo la línea informativa, hoy vamos a contarles a los lectores cómo eran tus baños y cuál es la importancia de los mismos. Antes que nada, es menester destacar que ustedes no necesitan ni deben ser bañados con la regularidad que lo hacemos los humanos, dado que hacerlo de esa manera puede disminuir las defensas que tienen en su piel, reducir la grasa que proporciona al pelo la lubricación y la sedosidad, como así también provocar el resecamiento de la piel que, en consecuencia, generará caspa. Además, hay que tener en cuenta que la humedad permanece durante dos o tres días, aunque los hayamos secado con cuidado.

Ahora bien, es de público conocimiento que, al igual que muchos Golden Retrievers, tu pasión por el agua era admirable, por lo que, bañarte no era un problema si consideramos que no sentías pánico como sucede con otros peludetes. El tema pasaba justamente por ese amor desenfrenado que tenías por mojarte y hacer enchastres, por lo que entre tus travesuras y mi escasa autoridad, bañarte era toda una aventura, sobre todo porque para vos la esponja era un juguete más… y mejor no hablemos del jabón y las veces en que tuve que sacártelo de la boca porque te lo comías… en fin… luego de correr por todo el jardín, el resultado era el siguiente: Chancho mojado, con pelo sedoso y brillante; humana empapada, embarrada y con algún que otro raspón por quedarme agarrada a la manguera y permitirte que me pasearas por todo el lugar…..

Por ello, agradecía que realmente no necesitaras un baño diario, ya que, cuando se aproximaba ese momento, debía prepararme física y psíquicamente. 😛

Así que, relatada la experiencia, pasemos a enumerar una serie de pasos a seguir para conseguir un baño exitoso…

  • TIEMPO

Como decía, sobre todo en casos como el nuestro que más allá de un momento de higiene, se convertía en entretenimiento, es vital que no se dedique un hueco aislado en la semana, sino fijar el día en que es posible realizar esta actividad relajados, sin importar el reloj, teniendo en cuenta cualquier imprevisto.

Una vez decididos, tenemos que buscar un lugar adecuado que, preferentemente, haga sentir cómodo a nuestro peludete. Asimismo, debe ser un lugar que cuente con una salida de escape en donde sacudirse no implique dañar nada a su alrededor.

Establecer su comodidad como prioridad es lo que hará que vaya sintiendo que es algo agradable que podría repetir sin problemas. Si lo llevamos a la fuerza, lo retamos y sólo nos dedicamos a pasarle una esponja como si fuera un plato, lo más probable es que cada vez tenga menos ganas de acercarse a nosotros cuando nos ve “listos para el evento”.

Bien. Ya tenemos el lugar, ahora los accesorios: necesitaremos un balde con agua tibia (nunca caliente); collar y correa que se puedan mojar; cepillo de cerdas suaves; esponja; un tarrito chico; shampoo (siempre lo mejor es que sea uno recomendado por nuestro veterinario de confianza); toallas limpias.

  • CEPILLADO

Ya sea en la bañera o en el patio, antes de mojarlo, deberemos cepillarlo bien. Puede que tenga zonas enredadas, con pelo anudado que deberá cortarse. Cuidado! Porque generalmente se encuentran detrás de las orejas, entre las piernas o, incluso, entre las uñas. Lo ideal es utilizar una tijera de tamaño chico que se pueda maniobrar bien. Hay que hacerlo con todas las precauciones y mucha delicadeza para evitar lastimarlo. Antes de usar la tijera, localicemos el nudo, tomémoslo entre los dedos y asegurémonos que estamos agarrando sólo pelo y no piel. A veces es preferible dejar una pequeña punta y no cortar al ras para evitar cualquier daño. Este es un buen momento para controlar sus oídos y limpiarlos si hace falta.

  • HORA DEL BAÑO

Una vez desenredado y sin pelotones de pelo, vamos a aplicar el shampoo, empezando por el lomo, extendiéndolo hacia las patas y dejando la cabeza para lo último.

Cuando por fin llegamos a la cabeza, tendremos que extremar los cuidados, de modo de evitar que el jabón se introduzca en sus oídos o en sus ojos. Algunos recomiendan colocarles algodones en los oídos (que después quitaremos terminado el baño). Por mi parte, preferiría no hacerlo porque son muy delicados, por ende, me parece mejor actuar con delicadeza que estar metiéndole cosas al oído.

Con la esponja, vamos a masajear su cuerpo para proporcionarle una sensación agradable mientras removemos todo rasgo de suciedad. Movimientos circulares y muy suaves le transmitirán calma si es muy ansioso. (Todavía puedo recordar tu expresión placentera, gordo chancho, todo sonriente, como deseando que ese momento no terminara jamás).

En cuanto esté todo enjabonado, será momento del enjuague. Aquí hay que prestar mucha atención porque no pueden quedar restos de shampoo, ya que pueden ocasionarle trastornos en la piel. Para hacerlo, con cuidado, utilizaremos el tarrito que llenaremos con agua del balde. De a poco, iremos vertiendo agua de adelante hacia atrás hasta que no quede ni un rastro de jabón.

  • SECADO

Si bien algunos acostumbran a sus peludetes desde cachorros al secador eléctrico, lo más probable es que la mayoría les tenga miedo. Si vamos a usarlo, también debe ser con movimientos muy delicados. Podemos primero usarlo en nosotros para que vean que no va a dañarlos. En cuanto a ellos, procuremos una buena distancia para evitar que les llegue tanto calor de golpe que puede quemarlos. Otra vez, cuidado con los ojos y oídos!

Algunas veterinarias tienen secadores especiales para perros, con control de los ruidos fuertes, que es lo que los asusta más.

Para la mayoría, lo más eficaz será utilizar la toalla limpia, envolverlos e ir secándolos con movimientos suaves. Así es como hacía con vos, realmente lo disfrutabas… 🙂

Una vez seco, repetir el proceso de peinado y cepillado.

  • DISTRACCIÓN

Sobre todo cuando los bañamos al aire libre, lo más probable es que comiencen a refregarse en el pasto. Para evitar que todo el trabajo haya sido en vano, debemos ofrecerles una distracción mientras se secan del todo.

Tener su juguete preferido a mano puede ser una buena opción. Mantengámoslos ocupados al menos por un lapso de 20 minutos después de su secado y cepillado. Cada papá y mamá sabe cuál es la mejor manera de mantenerlo con la cabeza ocupada durante ese tiempo. En nuestro caso, por supuesto, tus peluches y pelotas nunca fallaban. 😉

Siguiendo estos pasos, la hora del baño puede dejar de ser estresante y convertirse en algo realmente placentero si ponemos voluntad, alegría, calma, predisposición y, sobre todo, si le dedicamos el tiempo necesario. Tomarlo como un trámite puede volverlo negativo. Por eso, hablarles durante el proceso, ser cariñosos, brindarles caricias en lugar de movimientos bruscos, pueden lograr que tanto humanos como peludetes deseen repetir ese momento más que por una necesidad de higiene, por unas tremendas ganas de experimentar nuevamente el placer de una actividad compartida. Y sí, muchas veces terminaremos enjabonados, corriendo en busca de la esponja (parientes de Golden Retrievers, saben de lo que hablo), pero aseguro con el corazón que esa tarde va a ser feliz para ambas partes. 🙂  

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