Liam y Yo

GRADUACIÓN

Mirando nuestras fotos me topé con un álbum más que especial: el del Día de Tu Graduación. Y sí, muchos no lo saben, pero lo cierto es que vos fuiste a la escuela. Antes de cumplir tu primer año decidí que sería muy bueno que tomaras unas clases con un adiestrador, considerando tu hiperactividad nocturna y mi poco sentido de la autoridad, a pesar de haber leído en más de un libro: “por favor, no se deje engañar por la mirada de un Golden Retriever, cuando es necesario, debe retarlo”…. Pero, no…. Esa cara de Chancho pomposo con esos ojos derretidos me podían, así que, en cuanto mis ojeras acariciaron mis talones, decidí que era momento de hacer algo al respecto. Así es como, entonces, comenzaste tus estudios…

Recuerdo tu primer día de clases como si hubiese ocurrido ayer… me pasé una hora reloj llorando en casa porque el adiestrador me había explicado que en los primeros encuentros yo no podría estar presente para no distraerte. A pesar de ello, viendo mi preocupación maternal, me ofreció esconderme detrás de un árbol, pero no. Respeté las reglas.

También me acuerdo que cuando por fin llegaron, “tu profe” me dijo que me quedara tranquila porque eras bastante mamero 😛 . Parece que mirabas todo el tiempo para atrás para ver si estaba yo, cosa que hacías siempre que salías corriendo. Hacías tramos cortos, te frenabas y me buscabas. Moría de amor cuando te veía hacer eso.

Así que bueno, los primeros  encuentros educativos fueron así, conmigo en mi desesperada espera. Luego, arrancaron las instancias en las que yo tenía que participar porque, claro, también tenía mis deberes. Por supuesto que mi interacción no se daba desde el minuto cero, sino que yo aparecía a mitad de la clase.

No puedo olvidar todo lo que se me pasaba por la cabeza en cuanto te observaba antes de cruzar a la plaza, todo estilizado, cola parada, cual perro de exposición. Toda una pose digna de ser fotografiada por las revistas más prestigiosas. Postura que, lógicamente, se volvía un despelote en cuanto me veías llegar y retomabas tus hábitos de Chancho saltarín, baboso y tosco de mamá. Era muy gracioso ver cómo el adiestrador se agarraba la cabeza cada vez que eso sucedía. 😛

Ahí mismo nos mirábamos los dos, con nuestras caras de gordos felices, orgullosos de no tener más remedio. 🙂

Pero bueno, de verdad quería que valiera la pena tanto esfuerzo de ambas partes, así que me proponía todos los días hacer los deberes que me mandaba tu profe quien, conociendo mi profesión, me había hecho el gran favor de enseñarte las cosas en inglés. 🙂

Admito que yo no me gradué con honores en “autoridad”, pero sí lo hiciste vos en todo lo que aprendiste. Pudimos regular las horas de sueño, los paseos se volvieron cada vez más placenteros, jamás cruzaste una calle sin que yo te dijera que era posible hacerlo y siempre-siempre te mantuviste a mi lado, evitando cualquier peligro que la exposición en el exterior pudiera ocasionar.

Todas estas fotos que acompañan este relato son las que tomó tu adiestrador el día de tu graduación. Se puede apreciar perfectamente esa cara de Chancho feliz que te caracteriza, sobre todo tras un logro tan merecido.

Verdaderamente aconsejo el adiestramiento a todos los papás y mamás de peludetes que tengan la posibilidad. No se trata de un lujo, ni de un capricho. Es muy importante para el desarrollo de la conducta de nuestros niños de cuatros patas, sobre todo en casos extremadamente delicados. Lo tuyo no era para tanto y es cierto que, tal cual decía tu profe, aprendías muy rápido… -el problema era yo… 😛

Eso sí, para los lectores que me estén acompañando en estas líneas, les recomiendo que se asesoren bien antes de llamar a un adiestrador porque, como todo en esta vida, no se puede confiar en cualquiera, mucho menos cuando se trata de nuestros amores peludos. Además, hay distintos métodos y técnicas. En tu caso, gordito hermoso, toda tu educación estuvo basada en un sistema de premios y nunca de castigos. Por ello, si alguien me consulta, lo recomiendo al 100% y dejo abiertos mensajes aquí y en mis redes sociales para que me pregunten los datos de quien estuvo a cargo de tu adiestramiento que, con gusto, pasaré.

Mirá si será bueno tu profe que las veces en que lo cruzamos en encuentros de Agility, ibas corriendo a saltarle cual niño yendo a abrazar a su maestra de primer grado. Siempre un personaje, mi Chancho perfecto, siempre amor desenfrenado al 100%…. cómo te extraño mi maravillosa bola de pelos…

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