Liam y Yo

FALLIDOS

Volviendo del trabajo esta noche tuve un fallido que aún sigue provocándome lágrimas… sucede que al dar vuelta la esquina pensé: “ahora llego, lo veo ‘al coqui’ y hacemos…” ahí mismo me frené, ahí me di cuenta de lo que estaba pasando. Había caído por un segundo en una especie de amnesia que intentaba evadir mi triste realidad. Porque, no, no te iba a ver, no te vi. No hicimos nada. Y yo sé eso. Todos los días lo sé. Hace dos meses y 1 día que lo sé. Pero, a pesar de ello, todavía me siguen pasando estas cosas…

No exagero, pues me pasa seguido cuando miro dos veces dónde apoyo el repasador, como creyendo que vas a ir corriendo a robármelo. También me ocurre mientras estoy regando el jardín e instantáneamente me doy vuelta para ver si estás mordiendo la manguera. Me pasa cuando abro la puerta y me quedo esperando que vengas a recibirme con un juguete -o dos- en la boca, así como cada vez que me voy y busco tus ojos derretidos bajo la mesa…

Los fallidos son parte de mi cotidianidad. Es muy difícil acostumbrarse a no tener con uno a alguien que es tan importante, que ocupa un papel diario tan crucial. Me pasa con mi mamá, tu abuela, quien lleva allá donde estás ahora, un poco más que vos. Y, sin embargo, al día de la fecha, todavía tengo instantes en que agarro el teléfono como queriendo llamarla para contarle algo que me pasó… no exagero, no miento. Los lazos fuertes son así.

Porque, más allá de que tenga muy claro que ambos son mis ángeles de la guarda, aun sabiendo que de alguna manera me acompañan todos los días, no es lo mismo. Y esto es algo muy humano, esa intensa pretensión hacia la inmortalidad… pero bueno, qué se le va a hacer, me tocó nacer en esta especie, por ende, no cuento con la sabiduría de ustedes que saben muy bien que el vivir aquí poco tiempo tiene un propósito y, por ello, exprimen cada instante de una manera magnífica.

Como siempre digo, espero que lo que me quede en la tierra me alcance para poder aprender un poco más de vos y de cada uno de tus pares que conozca. Son verdaderamente los grandes maestros y jamás me cansaré de decir que todo el mundo sería un lugar más agradable si al menos pusiéramos en práctica una de sus enseñanzas por día vivido.

En fin, estas dos últimas notas vienen un poco abajo, tal vez por la fecha, quizás porque estoy bastante tristona y desearía tenerte bien pegado a mí para apretujarte fuerte-fuertísimo…

…es jodidamente difícil todo esto… muy-mucho.

Sé que los fallidos van a seguir apareciendo, que voy a seguir creyendo que te escucho ladrar como me pasó hace dos días que podría haber jurado que eras vos y no un ladrido similar.

Complejo realmente… pero así son mis días desde que no estás físicamente y de a poco aprendo a transitarlos como me va saliendo. Por eso es que te agradezco siempre, porque sos vos el que me empuja a seguir adelante, desde donde sea que estés, fallidos mediante, eternamente presente…

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