Liam y Yo

2 MESES

Día difícil hoy, sí… admito que encontré la manera de que no fuera tan triste visitando a una amiga que hacía mucho no veía y eso me hizo muy bien. Pero lo cierto es que, excepto por ese momento, el resto ha sido más complejo.

Porque no me da igual que se cumplan dos meses sin tu compañía constante. Aún hoy se me hace difícil abrir la puerta y no verte, no sentir esos ruidos locos que hacías con dos juguetes en la boca al mismo tiempo y tu cola danzarina golpeteando la pared.

El viernes estuve un tanto pachucha de salud por mi alergia que se hace más fuerte en esta época y, sinceramente, se hizo más que notable el que no estés aplastado sobre mí cuidándome.

Zarah intenta que no se note tanto tu ausencia, pero, como siempre te digo, hay instantes que son claves, nos miramos, nos entendemos a la perfección y es como si a las dos se nos llenaran los ojos de lágrimas.

Sinceramente es muy dura esta vida sin vos. Como sabrás, porque estoy segura de que como buen angelito de la guarda que sos estás al tanto de todo lo que me pasa, hay humanos que se empeñan en hacerme las cosas más complejas de lo que son y eso me genera dolores de cabeza, malestares en mi salud en general, angustias que podría evitar. Nada nuevo, porque así, de hecho, es la vida de los humanos. Pero, con vos al lado era distinto. Siempre contaba con todo tu cuerpo peludote para apretujarte y quedarme así por un largo rato, pudiendo encontrar esa paz que tanto necesitaba.

Pero hoy ya no es así. Hace dos meses que eso no sucede. Dos meses llevo buscando consuelo por tu ausencia, algo imposible…

Y sé que tu esencia está impresa en mi corazón. Sé que me acompañás a tu manera ahora, desde otro plano. Lo entiendo, lo siento. Pero permitime que mi cerebro humano aún quiera que estés acá como siempre. Lo piden mi mente y mi corazón. No quiero ser egoísta, pues por algo no pudiste quedarte más tiempo… pero me cuesta, gordito, me cuesta mucho…

Extraño cada uno de nuestros momentos. Los juegos, las risas, los mimos, esas ganas inmensas de llegar a casa para verte. Y no es que no las tengo ahora con Zarah. Por supuesto que amo verla y pasar ratos con ella. También es mi hija de cuatro patas y la adoro con toda mi alma. Pero ambas sabemos que no es lo mismo. Te extrañamos como el primer día. Eso no cambió ni cambiará. Y si algún día esta familia llegara a agrandarse otra vez, tampoco eso cambiaría. Porque vos fuiste, sos y serás el Chancho de esta casa, el amor de nuestras vidas, el ser más maravilloso que pudimos haber conocido.

Nunca voy a olvidarme de vos. Jamás voy a dejar de amarte como lo hago. Porque soy tu mamá y eso nada ni nadie puede modificarlo, ni siquiera la muerte. Mueren nuestros cuerpos, pero nuestras almas son eternas y en ellas está grabado este amor tan profundo que nos une, gordo mío.

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