Liam y Yo

TEO Y VOS

Mientras anoche recordaba a Simón, supe que la siguiente nota debería ser sobre otro de tus primos con quien compartiste hogar. Se trata de Teo, peludete mediático como vos, conocido en un principio como “Emi” hasta que encontró su hogar para siempre, donde finalmente fue bautizado con el nombre que hoy lo conocemos.

Teo llegó a nuestras vidas el verano de 2014. Abandonado por la desalmada humanidad, temblaba en un rincón, atado al caño de un tacho de basura. No podía moverse, todo indicaba que padecía moquillo, enfermedad que confirmaría minutos más tarde el veterinario consultado.

Luego de dar muchas vueltas, con la ayuda de tu tía Margarita, conseguimos un lugar donde él pudiera pasar sus días hasta recuperarse y encontrar una familia definitiva. Recuerdo que cada día iba hasta Berisso a darle su medicación, alimento, agua, y hasta le había llevado una plantita para que se sintiera más a gusto en su hogar transitorio.

Cada vez que me iba de casa para ir a verlo, te contaba lo que iba a hacer y vos, como entendiendo todo a la perfección, me regalabas una sonrisa y una movida de cola en señal de aprobación.

Un día, la maldad humana que nunca falta, se apoderó de aquel lugar en que se encontraba Teo. Tras recibir fuertes amenazas que me decían que acabarían con su vida, supe que tenía que resolver de inmediato. Por eso, decidí que la manera en que podría asegurarle el estar a salvo sería llevándolo a casa.

Así fue como se conocieron. Todo un mundo nuevo para él que se notaba que no estaba acostumbrado a compartir sus días con otros cuatro patas. De hecho, con Zarah no se llevaban muy bien, razón por la cual debía acelerar el proceso de adopción responsable.

Con vos era diferente, dada tu esencia de gordo buenazo que jamás buscaba problemas. Eras el “les traigo paz” de cada grupo que se armaba. Así que nunca hubo un tarascón entre ustedes.

Si bien Teo temía un poco por tu presencia imponente de peluche gigante, en ningún momento se generaba una situación preocupante.

A pesar de que con Zarah las cosas no andaban bien, debo admitir que vos le hiciste las cosas más fáciles a Teo, le mostraste que todos son diferentes y que no hay que temer de todo el mundo porque así como hay seres malos y complicados, también los hay simples y amorosos.

Admito que fueron épocas difíciles porque yo trabajaba mucho, para variar, y a veces no me quedaba tranquila por los momentos tensos, pero la verdad es que, cuando llegaba, todo transcurría en plena normalidad, y era más que gratificante para mí encontrarme con tantas colitas contentas a mi regreso en cada jornada.

Luego de una incansable difusión, finalmente llegó la mejor noticia que podíamos recibir: Teo había encontrado a su familia para siempre, un hogar en donde sabíamos con absoluta seguridad y tranquilidad que iba a ser amado y cuidado a la perfección.

Sí, Teo se iba a vivir con tus tíos y se convertiría en el hermano y compañero de aventuras de Tizo. A pesar de que lo íbamos a extrañar, nos pusimos muy contentos por él, aunque aún hoy recuerdo tu mirada de… “¿De verdad ya se va?”, con esos ojos derretidos que me ponías cada vez que se terminaba un juego o tenía que irme a algún lugar sin vos.

En fin, fueron épocas turbulentas por los intercambios de opinión con Zarah, pero, al mismo tiempo, fueron muy compañeros, compartían siestas, juegos, juguetes, camitas, se respetaban en el momento de la comida. Siempre juntos los tres, más allá de todo. Porque así son ustedes, con esa pureza de corazón que los hace encontrar el perdón fácilmente, para poder seguir disfrutando al máximo de esta vida como debe ser y como, nosotros, los humanos, deberíamos aprender.

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