Liam y Yo

SIMÓN Y VOS

Ya hablamos de tus primos, de tus amigos, por ende, hoy nos toca recordar el primer encuentro con tu tío, mi hermano de cuatro patas, Simón, quien es un poco más bebé que vos!

Y sí, el día que fuiste a visitarlo por primera vez, Simón tenía tan sólo meses de edad, era muy chiquito y creo que al verte pensó que verdaderamente eras el Rey León porque se asustó un poquito, resultándole un tanto difícil entrar en confianza.

Vos, todo gordo y adorablemente tosco, tirabas tus patotas por doquier en señal de juego, pero él, así de bebé como era, encontraba complejo entender que no te lo querías comer.

Por eso, la primera hora fue un constante jugar a las escondidas; él, ocultándose debajo de una silla, buscando protección; vos, sonriente y con pasos agigantados, logrando encontrarlo todo el tiempo.

Pasados los primeros miedos, se empezó a generar el acercamiento, compartiendo juguetes, hociqueos, entendiendo Simón que, si bien su documento decía que era mucho más joven que vos, tu esencia era la de un bebote eterno, tierno e inofensivo.

Ese maravilloso día lo compartimos con la abuela, quien se reía mucho de toda la situación y se encargaba de darle asilo a Simón entre sus piernas cada vez que vos lo atormentabas con tus sonidos extraños y tus saltos eufóricos.

Por momentos se convertían en el contraste absoluto: Simón, cara de pánico; vos, rebosante de alegría. Es que, mientras él te observaba como a un gigantón, vos lo único que pensabas era en que habías conocido a alguien más con quien jugar.

Pero bueno, como explicaba anteriormente, una vez que se calmaron las aguas, todo empezó a desarrollarse con una bella naturalidad que dejaba en claro que eran familia.

Eso es otra de las cosas que tanto extraño, el poder llevarte conmigo a cada lugar que iba, ese decir “estoy en familia” con todas las letras porque vos también estabas ahí, no sólo los humanos.

Me hubiese gustado que pudieran compartir más tardes con Simón, ya que ahora que ambos estaban más parejos en edad (en tamaño seguías siendo corpulento 😛 ), podrían haber exprimido mucho más aquellos ratos, con largas y entretenidas corridas.

Pero bueno, plantearme el por qué ya no estás no tiene mucho sentido porque sé que eso no te devuelve ni conmigo ni con Simón. Alguna de esas razones cósmicas te llevó a dejar este plano tan pronto, de esa manera tan triste, y no me queda más que aceptarlo aunque me duela cada día de mi vida.

Por eso prefiero este espacio de recuerdos hermosos, aunque a veces empañen los lentes como dice el abuelo, a pesar de que por momentos me cueste sonreír y me invada la tristeza. Siempre es lindo recordarte y saber que me hiciste feliz a mí, a toda mi familia, a todos los cuatro patas que conociste, a mis amigos, en sí, a cada ser que tuvo la dicha de cruzarse con vos y deleitarse con tu sonrisa, con tu pura bondad, con tu sabiduría innata, con cada parte de tu magnífica esencia… dichosos todos los que estuvimos ahí con vos, Chancho. Por eso, una vez más, -y no pienso cansarme de decírtelo-, GRACIAS!!!

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