Liam y Yo

LA FELICIDAD TIENE CUATRO PATAS

Si bien la felicidad es un tema muy discutido, luego de haber compartido 7 años a tu lado me siento más que idónea para plasmar lo que pienso al respecto. ¿Por qué digo discutido? Porque escuché decir a algunos que no existe, que es una ilusión, que es una idea del capitalismo y muchas cosas más. Entre tantas definiciones, prefiero la que refiere a la felicidad como momentos. Porque, claro, quizás no podamos ser felices todos los días todo el día, pero sí podamos serlo cotidianamente, aunque sea por un instante… por lo menos yo sí puedo dar testimonio de ello.

Vivir con vos me enseñó que no importa cuán gris pueda ser mi día, siempre hay un momento destinado a las sonrisas, para regalarle plenitud al corazón. Sucedía cuando estabas dando vueltas a mi alrededor y sucede hoy cuando te pienso. Desde donde estás tenés la capacidad de levantarme cuando me enfrento a situaciones difíciles, a personas complejas que me hacen sufrir. Como sea te las ingeniás para que vuelva a creer que todo es posible, al menos por unos segundos… los segundos más valiosos de mi jornada.

Eso es para mí la felicidad, esos instantes en los que no importa nada más, en donde no hay medición del tiempo ni nos fijamos si así será mañana porque es tan alto el disfrute que no hay forma de pensar en algo más que en lo que estamos vivenciando.

La felicidad es para cada uno algo diferente y eso creo que es lo que la vuelve más atractiva, pues podemos reinventar nuestro propio concepto constantemente.

Para mí, la felicidad a veces era llegar a casa y levantar miles de juguetes que se encontraban desparramados por doquier para poder recibir a mis alumnos. Porque, mientras yo trataba de ordenar, vos estabas detrás huyendo con algo en la boca, con tus sonidos y movimientos peculiares. Lejos de quejarme, amaba que se hiciera más larga la limpieza, ya que la misma se tornaba súper divertida con vos alrededor.

Me he sentido feliz luego de un momento doloroso, en donde mis lágrimas se quitaban con tus lengüetazos. Nadie jamás tuvo esa capacidad para transformar el sentir en algo tan hermoso. Sólo vos, mi Chancho único e inigualable.

Muchos de los instantes felices llenaron de barro todo el departamento y hasta dejaron sus huellas en mi acolchado blanco impoluto.

Pelotas, ropa, juguetes, repasadores, tarros de helado, bebederos rebalsados, jardines sin pasto, son todas cosas que se encargaron de participar en cada uno de nuestros encuentros felices.

En sí, la felicidad era y sos vos para mí. Y por eso duele tanto que hoy ya no estés. Pero, como dije antes, me queda el ejercicio diario de recordarte sin siquiera hacer un esfuerzo. Vos te aparecés solito, con tu sonrisa, con tus picardías, con cada uno de aquellos momentos felices que nos hicieron inseparables durante 7 años.

Quizás, hoy no haya sido un día óptimo para mí, sabés? Los humanos somos complicados, siempre tenemos un pero para todo y nos olvidamos que las cosas simples son las que mejor nos hacen… no, definitivamente no ha sido una jornada grandiosa, pero… llegué a esta tremenda conclusión: la felicidad, claramente tiene cuatro patas. Porque hoy, con la esperanza medio caída, la tristeza a flor de piel, la decepción humana a la orden del día, hoy tuve un instante en que te vi y te escuché. Escuché tu colita golpeando mi placard, te vi sonriendo, intentando captar dos juguetes al mismo tiempo y ahí, inmediatamente, como por arte de magia, todo cambió, el gris mutó a otro color, por unos minutos pude volver a sentirme feliz… gracias infinitas!

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