Liam y Yo

HUMANOS VS VOS

Tremenda comparación la que se me ocurre hacer hoy. Pero es que a veces no puedo evitar sentarme a reflexionar sobre algunas cuestiones que me revolotean por la cabeza. Me explota de sólo pensar cuánto la complicamos en todo los humanos y vos, junto a los de tu especie, son simples, únicos, hacen que la vida sea un verdadero disfrute, que la palabra amor cobre el mayor de los sentidos.

Sabrás, como buen angelito de la guarda que sos, hay días mejores y peores que otros. Pero, en cuanto me tomo este rato para mirar nuestras fotos, a repasar cada instante compartido, me reconcilio con el mundo, me doy cuenta de cuán valiosa es la vida y de lo mucho que agradezco el haber pasado 7 hermosos años con vos.

Lo único que cambiaría es el hecho de que te hayas ido tan pronto, el resto lo dejaría intacto porque fue perfecto. Pero bueno, lamentablemente la muerte es algo inevitable y en este plano las cosas suceden por alguna razón. Todavía no la encuentro, aunque admito que, desde entonces, me siento más fuerte y me doy cuenta de que no quiero permitir que nunca más ningún humano se tome la atribución de jugar con mi tiempo, con mis sentimientos, con mi vida toda.

Porque habiendo convivido con seres tan maravillosos desde que nací y, sobre todo, haber tenido el privilegio de ser tu mamá me enfrento a esta realidad: los humanos damos muchas vueltas, nos enojamos por pavadas; a veces no somos capaces de dar el brazo a torcer y nos distanciamos de personas que realmente queremos por estupideces; somos calculadores, medimos qué damos, qué no, qué merecemos y qué merece el otro; permanecemos en lugares que no nos hacen sentir cómodos por no arriesgarnos; desperdiciamos días enteros perturbados, tristes, quejándonos…

En cambio, vos…

Vos me enseñaste que no importa cuán grande y espantosa haya sido la travesura, sólo bastan unos minutos para entendernos y hacer las paces. Con vos siempre fue imposible contabilizar el cariño porque nos desbordaba todo el tiempo. Nunca pensamos qué merecíamos, simplemente sabíamos que éramos afortunados de tenernos el uno al otro y no importaba nada más. Para los dos, cualquiera fuera el sitio, si estábamos juntos, no sólo estábamos cómodos, sino que, además, sabíamos que no había tiempo para caras largas ni quejas. Exprimíamos cada segundo de la bendecida dicha de habernos encontrado.

¿Cómo, entonces, pretenden los humanos que no haga estas distinciones si saltan a la vista? No necesito reflexionar un día entero para llegar a estas conclusiones. Emergen espontáneamente al observar cada foto, cada fiel evidencia de nuestra felicidad, de cómo sabíamos disfrutar de cualquier rato que pasábamos, ya sea jugando, mimándonos, sacándonos fotos graciosas, bailando, en sí, compartiendo nuestras rutinas y celebrando la hermosa familia que formábamos.

No digo que todo está perdido para los humanos porque soy uno de ellos. Sencillamente siento que, quienes tenemos esta bella posibilidad de vivir de este modo, estamos un poquito más cerca de aprender las enseñanzas más sabias. El tema es ponerlas en práctica. Por mi parte, eso intento hacer actualmente aunque a veces me cuesta porque, más allá de que te admire con el alma entera, sos único e imposible de igualar.

Sólo espero que nuestra especie tome consciencia del egoísmo y la amargura que cargamos en algunas ocasiones. Estaría bueno que nos propusiéramos desterrarlos. Muy copado resultaría que en lugar de pretender sólo optimizar nuestros bolsillos y posiciones laborales, hiciéramos algo más profundo en pos de mejorar nuestros corazones… después de todo, contamos con los mejores maestros, es sólo cuestión de prestar atención y materializar lo aprendido. En mi caso, tuve al mejor de mi lado, vos, mi chancho hermoso. Por eso, a pesar de mis fallas, no pierdo las esperanzas de plasmar en mi paso por este plano un poco de cada huella que imprimiste en mi alma… Gracias, gordo mío…

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