Liam y Yo

TE EXTRAÑO

Si bien tengo millones de anécdotas más para plasmar en este sitio, la verdad es que hoy tengo un día difícil, en donde no puedo expresar mucho más que todo lo que te extraño y lo difícil que es enfrentar al mundo humano sin vos al lado para darme ánimo. Sé que de alguna manera estás, te siento. No miento cuando lo digo. Tu esencia está conmigo vaya a donde vaya. Pero yo soy un fucking ser humano y no puedo evitar sentir que quisiera verte de nuevo como antes, que desearía que no te hubieras ido nunca.

Entiendo que hay personas -muchas- que creen que exagero o que no conciben siquiera que yo pueda seguir triste al día de la fecha. Lo entiendo porque, lamentablemente, sé que en este mundo hay mucha gente que no ha llegado a vivenciar amor tan puro como el nuestro. Sé que la tengo a Zarah y que mi amor profundo por los animales me va a dar una vida plena, rodeada de seres maravillosos. Pero vos, gordo, vos fuiste, sos y serás único. Sin desmerecer a nadie, porque todos los de tu especie son perfectos y bellos. Pero, insisto, vos… vos sos mi chancho y eso no va a cambiar nunca.

A veces tengo días mejores. No soy una depresión ambulante. Nunca lo fui y, luego de compartir 7 hermosos años a tu lado, menos. Siempre trato de encontrar el lado bueno en cada situación, pasa que ahora, por momentos se torna complejo.

Hoy, la verdad, tengo un relato para vos: hoy no me sentí bien en todo el día, físicamente por un lado y, por otro, el ánimo no me acompañó del todo. Como ya sabrás, no soy amiga de las siestas, sobre todo porque mis tiempos son acotados. Pero hoy… hoy la verdad el cuerpo me pidió una pausa. Miré el reloj y me dije: “tengo una hora, necesito dormir ese rato”. Cuando entré en la habitación me encontré con una imagen que me llenó los ojos de lágrimas. Era Zarah, durmiendo en un costado de la cama, exactamente como vos lo hacías. Viste que ella siempre fue más de dormir despatarrada o hecha un bollito. Hoy no. Hoy estaba en la misma posición en que te ponías vos para dormir conmigo. Así que, tratando de no hacer ruido con el llanto inexorable que estaba por estallar, me acomodé despacito a su lado, pasé mi brazo por su patita y me dormí profundamente durante una hora.

Desde que partiste que no lograba dormir así, con esa paz. Es más, antes de acostarme se me partía la cabeza a causa de una migraña insoportable. Sin embargo, en cuanto abrí los ojos y la miré a Zarah –ella también me miraba-, me di cuenta de que me sentía mucho mejor.

Nos quedamos otro ratito en ese modo silencioso, en donde las miradas decían todo. Estoy segura de que las dos te sentimos ahí con nosotras. Porque las dos estábamos distintas…

Es increíble todo lo que generaste. No hay día en que Zarah no haga algo que aprendió de vos y no hay día en que yo no piense dos veces dónde dejo las cosas, como esperando que vengas a “robarlas”.

Te extrañamos mucho y eso se nota. Nos falta nuestro gordo juguetón, eterno bebé, dueño de la sonrisa más perfecta y del corazón más puro del mundo…

La verdad, me hubiese gustado poder volcar un relato pintoresco que destaque más tus picardías y menos mi tristeza, pero sinceramente, como te decía gordito, hoy fue un día difícil. Pero no te preocupes, porque son tantas las cosas lindas que vivimos que siempre las traigo a mi mente y vuelvo a sonreír. Porque así fuiste y así sos, tan extraordinariamente maravilloso que como sea te las ingeniás para que yo recupere mi sonrisa una y otra vez… cómo, entonces, no extrañarte tanto gordo mío…

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