Liam y Yo

TUS JUGUETES –PARTE II: HIPPO

Como eterno bebé que eras cada tanto adquirías un nuevo juguete. Tu Cumpleaños, Navidad, Reyes, Día del Animal, Día del Niño, en cada fecha ligabas algo y en días comunes, por las dudas, también! 😛 Hoy, mientras miraba tus fotos, recordé a Hippo, tu juguete y, sobre todo, tu amigo. Porque así te decía yo: “¿él es tu nuevo amigooo?” (con una voz difícil de reproducir en público), pregunta que respondías con entusiasmo tal que tu cola superaba su propio récord de velocidad, yendo de un lado a otro.

Hippo era un peluche muy suavecito, con cordón trenzado en medio que te permitía trasladarlo con facilidad a donde fueras. Te encantaba y a mí también, no sólo porque te veía feliz, sino porque, además, no tenía sonido en su interior. 😛

Me he despertado muchas veces pegada a él porque, claro, si subías a la cama, no lo hacías solo. Siempre ibas a todos lados con tu compañero de aventuras para integrarlo a tus juegos con Zarah.

Así que ahí iba yo por toda la casa, atenta en cada paso que daba por miedo a pisar a alguno de tu clan. Eran varios… pero ya le dedicaremos su merecido tiempo a cada uno.

Nunca me voy a olvidar tu cara de felicidad plena el día que lo traje. Te re dabas cuenta cada vez que te había comprado algo porque entraba riéndome, mientras te cantaba alguna de nuestras canciones, y luego decía… “mamá trajo algo para el bebé…”. Tu reacción era inmediata, empezabas a saltar, a hacer tus sonidos magníficos y únicos con algún juguete en la boca, después lo soltabas y empezabas a olfatear mi bolso para ver qué traía escondido.

Cuando por fin te mostré a Hippo fue, definitivamente, amor a primera vista. Te lo llevaste y empezaste a dar vueltas por todo el departamento, moviendo la cola sin cesar y, a la par, como de costumbre, tus sonidos peculiares. Más te peguntaba por el juguete, más movías la cola, más caminabas esperando que te persiguiera y más ruido hacías. Son esos momentos tan especiales que basta con cerrar los ojos un instante para volver a revivirlos como si realmente volvieran a suceder.

Con Hippo me acostumbré a que no sólo vos ibas a estar encima de mí cuando me acostaba a dormir y me succionabas el brazo. Por supuesto que a tu lado, como firme soldado, reposaba  tu flamante peluchón.

Se notaba que lo querías tanto que yo ya tenía asumido que no era un mero juguete. Verdaderamente era tu amigo. Con él venían a pedirme los recreos, la comida y hasta la hora de ir a la cama si yo me pasaba de rosca escribiendo o leyendo en la computadora.

Me resulta extraño no levantar juguetes ahora cada vez que tengo que barrer o cuando está por llegar algún alumno. Porque acá estamos, con Zarah, y ella viste que siempre fue más de los libros que de los juguetes (me comió dos, ¿te acordás?). Entonces, muchas veces, cuando veo el suelo tan despejado, la miro, me mira, y en ese silencio las dos sabemos muy bien qué estamos sintiendo. Estoy segura de que ambas nos preguntamos, internamente, si al día de la fecha, ya habrás llenado el cielo de juguetes… ojalá así sea para que, de esa manera, puedas encantar a quienes allá te acompañan, como nos encantaste acá en la tierra…. Te amamos gordo hermoso!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *