Liam y Yo

¿LE TEMES A LA OSCURIDAD?

Si algo era muy característico de nosotros dos es que la palabra aburrimiento no formaba parte de nuestro vocabulario. Siempre nos las ingeniábamos para pasarla bien. Por ende, que se cortara la luz no era impedimento para nada. Al contrario, era, sencillamente, una verdadera aventura!

Vos que me conocés más que nadie en este mundo sabés que no soy muy amiga de la oscuridad. De hecho, le tengo miedo. Pero, con vos al lado, todo era más fácil, ahí, pegadito como estabas diariamente, lograbas que mirara la situación con otra perspectiva. Por lo tanto, en lugar de asustarme o amargarme porque se me había interrumpido algún trabajo, lo tomaba como un recreo obligado y me ponía a jugar con vos.

Cuando el corte era muy prolongado, este departamento se convertía en un salón de postas. Primero arrancábamos con la pelota, después bailábamos a la luz de la vela, luego te cantaba tus canciones, vos ladrabas al compás y, cuando ya parecía eterno, nos apretujábamos y contemplábamos cómo de a poco se iba consumiendo aquello que nos alumbraba.

Por supuesto que, como era de esperarse, aprovechábamos la ocasión para brindarnos un poco de cariño, dado que, entre los dos, nunca era suficiente. Por ello, también teníamos nuestro lugar en la posta para los besos.

En el silencio inexorable que se generaba tras cada apagón millones de sensaciones atravesaban todo mi ser. Al principio, esbozaba un desanimado “nooo”, destacando cuánto necesitaba terminar aquello que me encontraba haciendo. Luego, el “panick attack”: “ay, no, please, mucho tiempo no”, pensando en los ruidos que podrían aparecer, como si la oscuridad trajera quién sabe qué situación paranormal…. Ok! Sabés que me gusta leer y que, por eso, mi imaginación es amplia. 😛 En fin, eran milésimas de segundo hasta que sentía tu patota suavecita apoyada en mi pierna. Ahí me calmaba y me daba cuenta de cuánto me conocías y cómo querías demostrarme que todo iba a estar bien, que esto era sólo una excusa para poder tener un nuevo recreo y dedicarnos a nosotros como debía ser.

Ahí mismo, cuando sentía esa paz que tan bien sabías transmitir, me paraba, iba en busca de los fósforos y las velas, mientras tarareaba alguna de tus canciones y vos acompañabas con tu cola golpeteando cada cosa con la que te topabas.

Con vos era imposible sentir miedo. Sentía que nada malo podía pasar porque estábamos juntos y eso me hacía fuerte. Pensaba en cómo algunos humanos buscan animales para su “protección”. En ese afán, seleccionan razas estigmatizadas por sus características físicas. Detesto que eso suceda y sé que vos también. Esa gente realmente no entendió nada de la vida.

Porque sé que se reirían si yo dijera que me sentía segura con un Golden Retriever. Ahí es cuando yo me río más fuerte porque me doy cuenta de que no saben nada. Yo con vos me sentía a salvo porque me guiaba por el amor que nos unía y que, incluso hoy, nos mantiene unidos. Ese amor hacía que yo me sintiera más fuerte, que ni la oscuridad ni nada ni nadie pudieran conmigo. Porque teníamos por seguro que ambos dábamos todo por el otro y eso era lo único que necesitábamos. Creo que es menester que muchos humanos experimenten al menos una vez en su vida un poco de esto. Cambiaría mucho el mundo si así fuera… como verás, nunca pierdo la esperanza (otra cosa que aprendí de vos).

La semana pasada se cortó la luz. Fue breve, pero sucedió y no pude evitar volver a aquellos días. En un segundo vivencié cada cosa que me surgía por aquel entonces. Toda esa adrenalina que me provocaba cada corte. Tal vez no sentí el golpeteo de tu cola. Pero, te puedo asegurar, que sí sentí que no estaba sola. Porque aun cuando algunos humanos me tilden de falta de cordura, yo voy a continuar repitiendo que puedo sentirte al lado mío y que, gracias a vos, chancho hermoso de mi corazón, nunca voy a estar sola… 🙂

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