Liam y Yo

…Y LA NOCHE ME TOMÓ POR REHÉN…

AMOR

Durante estos últimos 7 años mis amigos se preguntaron por qué en muchas ocasiones prefería quedarme los fines de semana por la noche en lugar de salir por ahí. Claro que no pasé todos mis sábados en casa, de vez en cuando me iba de paseo. Pero, en sí, lo que más más disfrutaba, era quedarme con vos. Porque no era “estar encerrada” como algunos rotulaban. Era protagonizar las aventuras nocturnas más divertidas. A veces adentro, otras tantas en el jardín.

Las noches de verano eran las mejores. Cervecita mediante, me sentaba en el umbral de la puerta del patio y pegadito a mí estabas vos. Escuchábamos música y yo cambiaba cada letra poniendo tu nombre y adjetivos que te describían. Pasábamos horas así, sentados un rato, mirando al cielo, cantando, apretujándonos, disfrutando de los silencios. De a ratos me llenabas la cara de lengüetazos,  me robabas el repasador, ligabas algún snack, buscabas pelotas o cualquier juguete para correr un poco. ¿De verdad alguien podría creer que me iba a parecer más divertido estar en un boliche repleto de seres humanos, con la música tan fuerte que ni sabía lo que estaba sonando? (Tomemos nota: es verdad que, por sobre todas las cosas, prefería estar con vos. Tan cierto como que mi último comentario delató el alto grado de vejez que porto 😛 ).

El fin de semana era muy nuestro. Si bien vivíamos juntos y exprimíamos cada instante, de lunes a viernes tenía que estar afuera por mi trabajo, por eso, cuando por fin llegaba esa hermosa oportunidad de disfrutarnos sin horario, no veía qué más podía ser tan importante. Sé que quienes me conocen bien entendían mis razones, pero bueno, nunca faltaba aquel que soltaba un “tenés que salir, es sábado, no da que te quedes encerrada con el perro”. Inmediatamente, resonaba en mi cabeza “con el P-E-R-R-O”… Wow… ahí comprendía que esa persona no se había tomado el trabajo de conocerme tanto, puesto que, para mí, vos eras mucho más que eso. Vos eras Liam, mi hijo de cuatro patas, “el gordo”, “el chochán”, “el coqui”, “el titi”… y la lista de apodos sigue. Perdón, me corrijo, vos SOS. Porque el mero hecho de haber partido físicamente no deshace todo lo que construimos. Somos familia. Eso no cambia jamás.

Ahora bien, volviendo a aquellas épocas en las que solíamos tener más de un “ticket para trasnochar” (hoy estoy con el viejazo a pleno… entre el título y esto comprendo que sólo el rango etario alto podrá entender los orígenes de estas frases 😛 )… pero bueno… prosigo: sabíamos muy bien cómo hacer para que cada noche fuera distinta. A veces hasta bailábamos. Era muy gracioso. Vos sentado en la silla, yo tomaba tu pata (que me dabas espontáneamente) y me dejaba llevar por el ritmo de un buen rock’n’roll. Otra alternativa era atajarte en el aire mientras saltabas todo contento con tus alegres ladridos. Siempre tenía la sensación de que durante aquellos findes los vecinos creían que había una fiesta con 20 personas.

También había noches más calmas, en las que nos entregábamos a la reflexión y contemplábamos el cielo con mucha atención. Recuerdo decirte, “mirá, gordo, esa estrella tan linda que brilla con tantas ganas, es la abuela que nos está cuidando”. Sabía que entendías todo lo que te decía porque, instantáneamente, me devolvías un enorme lengüetazo.

Al igual que cada uno de los momentos compartidos a tu lado, extraño con locura aquellas noches largas que sabíamos disfrutar tan bien. Me cuesta, gordito, realmente me cuesta mucho esta vida sin vos revoloteando con tu colita siempre contenta. Sin embargo, me niego al bajón, porque sé que no es lo que vos querés. Y también sé que, de alguna manera, seguís estando pegadito a mí. Por eso, en estas noches de verano, vuelvo a salir al patio, me siento en el umbral, miro al cielo profundamente y sonrío con la absoluta convicción de que ahora hay dos estrellas que brillan muy muy fuerte para mí…

2 Comentarios

  • Gustavo

    Es muy cierto, muchas personas no conocen lo que significa la compañía de estos grandes amigos. Yo lo hago a menudo, sólo que cómo tengo varios perros a veces lamento no poder dar la misma atención a todos.
    Es una bendición el tiempo que compartistes con Liam.

    • Silvina_RG

      Gracias Gustavo por leer, por comentar y por todo lo lindo que decís. De verdad que lo siento como una bendición. Todos los días se recrean los momentos que compartimos y, de corazón, me siento muy afortunada por haber vivido 7 años tan hermosos… 🙂

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *