Liam y Yo

MI MEJOR TERAPEUTA

Como me gusta destacar, siempre estabas al lado mío y eso implica, precisamente, que me acompañaste en todos y cada uno de mis momentos. Por eso, en estos hermosos 7 años sentí que más allá de la terapia convencional, de las alternativas, en sí, de todas aquellas cosas que experimenté para atravesar cada situación difícil, el mejor terapeuta, quien tenía la receta más efectiva, definitivamente eras vos.

Extraño tus abrazos…

Oyente paciente como nadie, con el lengüetazo disponible para llegar en el instante preciso. Siempre firme, nunca ausente. Hasta en tus últimos días estuviste para secarme las lágrimas con toda tu trompa, sabiendo muy bien cuál era el motivo de mi tristeza…

Pasamos muchas cosas juntos. Rupturas amorosas, amistades que se fueron, tragedias, la pérdida de nuestro ser humano favorito, turbulencias laborales…

Fuiste la prueba más pura del saber estar en las buenas y en las malas. Jamás me sentí sola. Vos estabas ahí, te acercabas, me llenabas toda la cara de lengüetazos cual aspiradora, con la intención de llevarte todas mis lágrimas para transformarlas en una sonrisa. También sabías abrazarme, empujarme con tu cabezota para que te apretujara y así comunicarme que todo iba a estar bien. Siempre estabas ahí, nunca fallaste…

Las personas que me conocen creían que yo a veces “me encerraba” o me “aislaba”. Lo cierto es que la cosa no era tan así. Esos conceptos se parecen más a la soledad mirada desde la negatividad. Y, en mi caso, eso nunca ocurría. Es que, sin desmerecer a mis humanos queridos, había momentos en que sólo necesitaba estar con vos y con nadie más. Eras quien sentía que me podía comprender, quien me podía transmitir la paz que tanto anhelaba.

Vos no necesitabas explicaciones. Tus ojos me leían al instante y podían descifrar qué era lo que me iba a devolver un poco de calma. Así que, lentamente, sin forzar nada, dejando que la naturalidad fluyera una vez más, permitías que pudiera percibir tu respiración bien cerca y simplemente con ese sonido ya todo mi ser empezaba a cambiar.

A tu lado aprendí que la magia existe, que basta tan sólo con una mirada para transformar el mundo de cada uno y, en nuestro caso, con un lengüetazo extra también.

Podíamos pasar horas abrazados, aplastados, contemplando el cielo, el pasto, a nosotros mismos. Ninguno se movía del lugar. Porque nada más importaba y nada ni nadie más hacía falta.

No necesitaba pastillas para dormir, ni remedios para la ansiedad. Vos eras mi calma, todo lo que estaba bien en este mundo y por lo que sabía que valía la pena luchar. Porque cada vez que estabas ahí conmigo, sentado, echado, como sea, encontraba claridad… las cosas no tan graves dejaban de parecerme terribles y las realmente graves se acomodaban en mí de otra manera. Porque sabía que en ese recorrido no estaba sola. Porque contaba con la mejor pata de todas, esa inamovible, fiel, leal, sincera, que hasta el día de hoy, a pesar de no poder verla, la magia de toda tu esencia logra que la sienta. Gracias, chancho de mi corazón!!!

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