Liam y Yo

HELADO PARA DOS

Como para seguir sumando a nuestras coincidencias, algo muy especial que teníamos en común era la pasión por el helado. Me atrevo a decir que hasta se asemejaban las expresiones babosas de nuestros rostros tan sólo al pensar que el delivery llegaría pronto. Porque, claro, si algo sabía muy bien es que, una vez que ese delicioso pote aterrizara en nuestra morada, ibas a permanecer más pegado a mí que de costumbre.

Chochán en su máxima expresión

Para los impresionables, diré que usaba dos cucharas y que sacaba una parte para dejarla en otro bowl destinado a compartir. Para los que desean la verdad y nada más que la verdad, admitiré que usaba una sola cuchara, que tomaba del tarro sin utilizar accesorio alguno, y que, tras observar la imagen de la desdicha total, en decir, todo tu ser derretido sentado en la silla a mi derecha, proseguía a convidarte “un poquito” de nuestro postre favorito, siempre aclarando “más no porque te va a hacer mal” (de paso, me lo repetía a mí misma también).  

Amaba ese momento

Ese se convertía en otro de los tantos momentos que disfrutábamos al máximo. Podía sonar el teléfono, el timbre, caerse el mundo, que nosotros dos estábamos ahí, aplastados, extasiados como los dos gordos felices que éramos.

La mejor parte venía después, cuando, al terminar el último cucharón, te robabas el pote para limpiarlo a puro lengüetazo, escaparte para que te persiguiera y, finalmente, transformar la totalidad del departamento en una “blanca navidad” de telgopor. Porque, como todo, debía contar con la doble función de foco de entretenimiento. Y sí que te gustaba convertir cosas en añicos!!! 🙂

Ñam Ñam

Era muy gracioso verte huir con el tarro cubriendo tu trompa. Merodeabas cada rincón, del mismo modo que hacías cuando robabas algo, caminando despacio, mirando de reojo para chequear que te estuviera prestando atención. Esperabas siempre mi pregunta… “¿qué estás haciendo??!!”, con esa seriedad poco contundente que te impulsaba a poner tu cola en modo helicóptero.

Podíamos estar horas haciendo eso… me refiero, claramente, a la última instancia, dado que no tardábamos mucho tiempo en vaciar aquel pote…  

Hoy hace calor, chancho, mucho calor. Y no sabés cómo hubiese deseado compartir un helado con vos, mi ser favorito en el mundo mundial, mi gordo hermoso que jamás presentó una queja y lengüeteaba el helado vegano con igual fascinación como si se tratara de uno común y corriente.

Te extraño mi chancho bebé

Te cuento que todavía no volví a sentarme a disfrutar de nuestro manjar preferido acá en casa, pero te prometo que cuando vuelva a suceder, voy a hacerlo pensando en vos, reviviendo lo bien que lo pasábamos por aquellos tiempos, cuando una sola cuchara nos bastaba a los dos… te extraño, gordo…

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