Liam y Yo

¿ROBASTE?

Desde que me hiciste notar tu pasión por el agua y tu ardua labor en mi jardín me di cuenta de que no sólo eras alguien que sabía muy bien lo que quería, sino que, además, eras alguien que  jamás  dudaría en hacer hasta lo imposible para conseguirlo. Así fue que descubrí que uno de tus hobbies era nada más ni nada menos que EL HURTO.  

De día, de noche, no tenías un momento establecido. Te guiabas por las ganas. A veces un repasador, otras tantas la palita, pares de medias, pañuelitos, servilletas, pashminas… y la lista sigue…

En fin, el tema no era el “qué”, sino el “cómo”. Todo transcurría en absoluto silencio. Por mi parte, podría estar trabajando en la compu, hablando con alguien, lo que fuera que estuviera haciendo, lo importante era que debía estar distraída, es decir, sin mi atención en tu bella presencia. Porque, por supuesto, todo esto era para recordarme que no había cosa ni persona que tuviera más relevancia que vos.

¿Quién le saca la palita con esa cara?

Así que, sigiloso, evitando el mínimo sonido, ibas casi “en puntitas de pata” en busca de tu próximo botín; lo tomabas con tu boca bien-bien despacito y comenzabas un desfile lento e insistente para que te descubriera. Dabas vueltas por todo el departamento con ese especial sigilo, mirando de reojo, con tu trofeo entre los dientes, esperando con ansias que yo hiciera la pregunta: “¿Robaste?”, para, inmediatamente, sin desperdiciar una milésima de segundo, darle rienda suelta a tu colita a una velocidad increíble.

Toda mi vida voy a decir, aunque me tatúen el chaleco de fuerza, que vos, en esos momentos, te reías. Yo veía y sentía que cada vez que te hacía esa pregunta, al mismo tiempo que acelerabas los movimientos de tu pomposa cola, te estabas riendo con una extraordinaria picardía típica de aquel que logró la gran hazaña del día.

Ok, es tuya.

Pasaron los años y jamás renuncié a interrogarte porque, como era de esperarse, de ningún modo dejaste de lado tu fama de raterito. A veces se complicaba en determinados contextos porque metías tu hocico en bolsos ajenos y los mal pensados creían que se trataba de robo organizado. Pero bueno, qué se le va a hacer… cosas del ser humano ordinario que no entendía nuestros códigos y era bastante tedioso (y complejo) explicar el tema de las risas y demás.

Realmente amaba esos momentos. Era como si entendieras a la perfección que necesitaba un instante de absoluta desconexión y así, bien vos, bien pertinaz, me empujabas a ir a por ello.  

Te Amo Siempre!

Mañana se cumplen 3 semanas sin tu presencia física y aún sigo mirando dónde dejo el repasador, las medias, la palita… todavía te busco. Todavía mi mente se pregunta… “¿robaste?”…  y al no ver esa colita “aleteadora”, elijo cerrar los ojos unos minutos e imaginar tu risa para que instantáneamente se dibuje una sonrisa en mi rostro. Porque en estos 7 años me robaste el 90% de los objetos que estuvieron a tu alcance, proezas -todas- que culminaban con mi entera atención en vos como planeabas. Pero confieso, públicamente, y haciéndome cargo de futuras acusaciones a mi cursilería, que tu gran aventura fue robar mi corazón, mi alma completa, mi felicidad, mis sentimientos más hermosos… y no existe día en que no agradezca el honor de haber sido víctima del atraco más dulce y tierno de la historia del mundo mundial. Por esto y por mucho más, GRACIAS CHANCHO!!! 🙂

2 Comentarios

  • Luciano Rossi

    Y una vez más me sacas lágrimas… es increíble como me identifico con todo, por más que Icaro sigue haciendo eso, hasta papas y gengibre….
    Beso para vos de Icaro y mio.-

    • Silvina_RG

      Gracias por leerme!!! 🙂 Yo escribo moqueando también. Las papas!!! Lo corría por todo el jardín porque me las robaba siempre! Abrazo para los dos! Gracias por seguir la historia de Liam y por compartir este amor tan puro! 🙂

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