• Liam y Yo

    …Y LA NOCHE ME TOMÓ POR REHÉN…

    Durante estos últimos 7 años mis amigos se preguntaron por qué en muchas ocasiones prefería quedarme los fines de semana por la noche en lugar de salir por ahí. Claro que no pasé todos mis sábados en casa, de vez en cuando me iba de paseo. Pero, en sí, lo que más más disfrutaba, era quedarme con vos. Porque no era “estar encerrada” como algunos rotulaban. Era protagonizar las aventuras nocturnas más divertidas. A veces adentro, otras tantas en el jardín. Las noches de verano eran las mejores. Cervecita mediante, me sentaba en el umbral de la puerta del patio y pegadito a mí estabas vos. Escuchábamos música y yo…

  • Liam y Yo

    MI MEJOR TERAPEUTA

    Como me gusta destacar, siempre estabas al lado mío y eso implica, precisamente, que me acompañaste en todos y cada uno de mis momentos. Por eso, en estos hermosos 7 años sentí que más allá de la terapia convencional, de las alternativas, en sí, de todas aquellas cosas que experimenté para atravesar cada situación difícil, el mejor terapeuta, quien tenía la receta más efectiva, definitivamente eras vos. Oyente paciente como nadie, con el lengüetazo disponible para llegar en el instante preciso. Siempre firme, nunca ausente. Hasta en tus últimos días estuviste para secarme las lágrimas con toda tu trompa, sabiendo muy bien cuál era el motivo de mi tristeza… Pasamos…

  • Liam y Yo

    HOME OFFICE

    Si bien nunca presentaste queja alguna, siempre supe que el mero hecho de verme partir te molestaba un poco, dado que preferías que jamás tuviera que atravesar el umbral de la puerta de calle si no iba a ser con vos.  Como destaqué en otro relato, solía decirte -beso mediante- “gordo, me tengo que ir a buscar el balanceado de cada día”. Lo cierto es que utilizaba la marca del alimento para hacer ese comentario, pero, ante la duda, mejor dejémoslo así… 😛 El tema es que, viendo esos ojos desarmados que despedía cada mañana, siempre me las ingeniaba para concentrar mi mayor carga horaria laboral en mi hogar, de…

  • Liam y Yo

    EL VIAJAR ES UN PLACER

    De las tantas cosas que tenemos en común, hoy me gustaría destacar el intenso entusiasmo por pasear sobre ruedas. Amabas subirte al auto aunque sea para acompañarme a guardarlo en la cochera. Por más mínimo que fuera disfrutabas de ese viaje al máximo. Porque, por supuesto, yo te iba “conversando” y cantando alguno de nuestros hitazos, todos teniendo como tema principal lo hermoso y bebé que eras, obviamente. Recuerdo que cuando salíamos a caminar te acercabas a cuanto auto estacionado encontrabas y yo te decía: “no, gordo, ese no es el nuestro, no hagas lío” y me mirabas como diciendo: “¿y entonces? ¿Cuándo nos escapamos juntos?”. Porque siempre jugábamos con…

  • Liam y Yo

    UN MES

    Hoy es un día difícil… como tantos otros que vengo viviendo, pero hoy… hoy se cumple un mes de tu partida física. Hoy se vienen a mi mente las peores imágenes, las que no hubiese querido presenciar, pero, a la vez, me alegra saber que estuve ahí a tu lado acompañándote en tu último suspiro. Fue horrible y sabés muy bien que hubiese dado mi vida para que siguieras acá. Porque eso hace el amor y eso fue lo que sentí y siento. Como siempre te dije, “por vos todo y mucho más también.” Pero la vida es así, quién sabe por qué, nos colma de situaciones dolorosas para hacernos…

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    TU SONRISA, MI MOTOR

    Como ya vengo destacando en reiteradas ocasiones, algo que me fascina de vos es tu sonrisa, característica que no debe ser mencionada en pasado porque la tengo siempre presente, bien grabada en mi mente y, sobre todo, en mi corazón. Porque sí, aunque algunos humanos gusten en contradecirme, insistiré hasta el último día de mi existencia en que tenías la capacidad de reír y sonreír. Desde muy chiquito me regalaste esos momentos únicos en los que bastaba solo con mirarte para que me devolvieras una cálida sonrisa. A veces, cuando intentaba hacerme la seria y te pedía explicaciones referidas a tus travesuras solía decirte: “y yo no me estoy riendo…

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    NO CULPES A LA LLUVIA

    Si ya es de público conocimiento tu amor por el agua, es lógico contar hoy que las lluvias eran sinónimo de gran disfrute para vos. Sobre todo en este día en que a nuestra ciudad la sorprendió un importante temporal. Porque no pude evitar imaginarnos a los dos. Yo, inquieta, cerrando ventanas, controlando que no entrara agua, haciendo la danza del antigranizo. Vos, intentando abrir lo que yo cerraba, preguntándote por qué teníamos que estar encerrados cuando la diversión estaba afuera. Es que, sí, cualquier ocasión que involucrara agua debía tenerte como protagonista. Y la lluvia era todo un acontecimiento. Parecía como que el cielo cumplía tus deseos y te…

  • Liam y Yo

    HELADO PARA DOS

    Como para seguir sumando a nuestras coincidencias, algo muy especial que teníamos en común era la pasión por el helado. Me atrevo a decir que hasta se asemejaban las expresiones babosas de nuestros rostros tan sólo al pensar que el delivery llegaría pronto. Porque, claro, si algo sabía muy bien es que, una vez que ese delicioso pote aterrizara en nuestra morada, ibas a permanecer más pegado a mí que de costumbre. Para los impresionables, diré que usaba dos cucharas y que sacaba una parte para dejarla en otro bowl destinado a compartir. Para los que desean la verdad y nada más que la verdad, admitiré que usaba una sola…

  • Liam y Yo

    TU CAJITA

    Desde tu primer día en casa te hiciste muy apegado a una caja de cartón en donde dormías de noche, al lado de mi cama, a modo de cuna. Por supuesto que tuviste lechos más lindos y confortables a lo largo de tu vida, pero esa cajita, era mucho más que eso para vos. Era, al mismo tiempo, tu parque de diversiones. La cajita tenía un colchón, una sabanita y, por supuesto, juguetes. Porque, sí, donde fuera que estuvieses, había juguetes. Al principio pensé que iba a durar, como mucho, una semana, pero no. Verdaderamente sí que la supiste cuidar. Quizás porque ahí, entre tu “ropa de cama”, guardabas las…

  • Liam y Yo

    SPA DE BARRO

    Otra de las tantas cosas dignas de admirar era tu capacidad para transformar algo que a los ojos de algunos puede ser desagradable en una experiencia absolutamente placentera. Así era tu relación con el barro. Porque, claro, a él llegabas cuando intentaba regar la aridez de nuestro antes llamado “jardín”, al pasearte muy campante bajo la lluvia o cuando arrastrabas algún tarrito/palangana por ahí. La expresión de tu rostro iba mutando. Al principio, felicidad plena, goce sin medida. Luego, cuando notabas mi presencia, ante la duda, ponías cara de desdichado, como si alguien más te hubiese embadurnado todo el cuerpo. Responsable, jamás. Víctima, siempre. Tus caras de “yo no fui”…